Paraísos fiscales y pobreza extrema: dos caras de una misma historia.


Si pensamos en un paraíso fiscal, lo primero que nos viene a la cabeza es una isla de arena blanca, yates y aguas cristalinas. Algunos paraísos fiscales son realmente así, mientras que otros son menos glamurosos. Incluso los podemos tener delante de nuestras narices. En cualquier caso, sea cual sea su aspecto superficial, la realidad que esconden es muy diferente.

Los paraísos fiscales son un elemento central de un sistema global que permite que las grandes multinacionales y las grandes fortunas no paguen los impuestos que les corresponden de manera justa. Mientras, 896 millones de personas en todo el mundo están sumidos en la pobreza extrema, y siete de cada diez personas viven en países donde la desigualdad económica es mayor ahora que hace 30 años. Los paraísos fiscales privan a los Gobiernos de los recursos que necesitan para proporcionar servicios públicos esenciales a su población, como la atención sanitaria y la educación, así como para abordar la creciente desigualdad.

Este sistema global beneficia en gran medida a las mayores fortunas del planeta, pero tiene un efecto devastador en algunas de las comunidades más pobres del mundo.


Cuando conocimos a Morgan, nos dijo que creía que tenía 5 años, pero no estaba seguro. Estaba jugando en un vertedero del barrio de chabolas Mukuru, en Nairobi, mientras su madre trabajaba recogiendo chatarra. A menudo, los niños y niñas de la zona vienen aquí a buscar restos de comida, o a trabajar con los adultos. Morgan nos dijo que no iba a la escuela porque sus padres no podían permitírselo.

Es una gran injusticia, sobre todo en un país como Kenia, cuya economía es la que más rápido está creciendo de África. A pesar del cierto progreso que se está logrando en el país, hay demasiadas personas que se están quedando excluidas de él. De hecho, cerca del 34% de la población de Kenia vive en condiciones de extrema pobreza .

Según la Organización Mundial de la Salud, tan sólo hay cerca de dos médicos por cada 10.000 personas en el país. Y para los habitantes de Mukuru, incluso los servicios básicos como el saneamiento, el acceso a agua y la educación escasean.


MIENTRAS TANTO, EN SUIZA…

En febrero de 2015, una filtración de archivos sacó a la luz que un reducido número de ricos vinculados a Kenia escondía cerca de 560 millones de dólares en cuentas bancarias suizas. Esta riqueza no declarada podría generar ingresos fiscales que el Gobierno de Kenia necesita para asegurar que niños y niñas como Morgan puedan tener un futuro.

Esto es solo un ejemplo de un problema enorme que afecta a todo el mundo, y no solo a Kenia. El uso sistemático de los paraísos fiscales por parte de individuos ricos y grandes multinacionales está evitando que los Gobiernos más pobres puedan recaudar cientos de miles de millones en impuestos, y frenando la lucha contra la pobreza y la desigualdad en el mundo.

ACTUALMENTE, TAN SÓLO 62 MILMILLONARIOS POSEEN LA MISMA RIQUEZA QUE LA MITAD MÁS POBRE DEL PLANETA.

Cada año, la brecha entre ricos y pobres se hace mayor. Y los paraísos fiscales no hacen sino exacerbar esta situación: en ellos se esconden hasta 7,6 billones de dólares de fortunas personales, lo que tiene un efecto devastador en los países más pobres.

Con los ingresos fiscales que los países africanos dejan de percibir como resultado de las fortunas personales ocultas en paraísos fiscales, se podría salvar la vida de cuatro millones de niñas y niños y 200.000 madres.

Se podrían evitar cerca de un millón de muertes al nacer cada año.

Y se podrían contratar a suficientes profesores para escolarizar a todos los niños y niñas de África.

A su vez, hay grandes empresas que guardan sus enormes beneficios en paraísos fiscales. Si las personas ricas pueden esconder su fortuna en paraísos fiscales, las grandes multinacionales pueden usar estos paraísos fiscales para trasladar sus beneficios desde los países donde tienen actividad económica. Se calcula que los países más pobres del mundo pierden al menos 100.000 millones de dólares en concepto de ingresos fiscales debido a la evasión y elusión fiscal de las grandes multinacionales.

“O [Ugland House] es el edificio más grande del mundo o es la mayor estafa fiscal de la historia.” 
                                                                                                                               Barack Obama


TAN SÓLO UN EDIFICIO, LA UGLAND HOUSE EN LAS ISLAS CAIMÁN, ES SEDE DE 18.857 EMPRESAS, CIFRA DEL TODO INCREÍBLE.


LA REALIDAD DE LA OTRA MITAD DEL PLANETA


Barbara es viuda. Camina cada día durante varias horas para ir a buscar agua para regar sus cultivos, y poder alimentar así a sus dos hijos. Cuando su marido aún vivía, tuvo que vender el ganado para pagar su tratamiento médico. Barbara nunco tuvo la oportunidad de ir a la escuela, pero si hubiera podido estudiar, le habría gustado ser enfermera o profesora. Cuando hablamos con ella, nos contó que se sentía una “persona perdida”.

Pero Barbara sabe que las cosas podrían ser distintas. Si todo el mundo pagara los impuestos que les corresponde manera justa, se podrían cubrir todas las necesidades básicas de las personas que viven en la pobreza, así como darles las herramientas para que tengan el control sobre sus propias vidas y la oportunidad de cambiar su futuro.


Cada día, hay personas generosas que luchan por cambiar la situación de quienes viven en la pobreza, y están logrando grandes avances. De hecho, erradicar la pobreza extrema para 2030 está al alcance de nuestra mano.

Para lograrlo, necesitamos que haya una poderosa respuesta que se materialice en hechos. Necesitamos garantizar que las personas más pobres se beneficien del crecimiento económico.

Para erradicar la pobreza extrema tenemos que garantizar que el sistema fiscal mundial esté al servicio de la mayoría, y no de las élites.

Todas y todos tenemos que ser parte de la solución. Y tú puedes ayudarnos firmando esta petición que enviamos al Gobierno para que ponga fin a la era de los paraísos fiscales. Es hora de cambiar las cosas.

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